¿Cómo funcionan las elecciones en Francia?

EOM |elordenmundial.com

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En 1986, el presidente francés que más tiempo ha ocupado el cargo, el socialista François Mitterrand, se vio obligado por la Asamblea Nacional a nombrar a un primer ministro del bando rival, el conservador y posterior presidente Jacques Chirac. Ambos acordaron que Mitterrand, como jefe del Estado, se dedicaría a los asuntos internacionales, mientras que la política interior quedaría en manos de Chirac.

Pero no salió bien. Chirac comenzó a torpedear las reformas que había emprendido el presidente a través de rebajas de impuestos y privatizaciones de empresas públicas. Esa contragobernanza provocó en última instancia que Mitterrand se negara a firmar las ordenanzas del Consejo de Ministros, obligando a Chirac a pasar por la Asamblea para aprobar sus leyes, lo que complicaba y retrasaba su trabajo.

La cohabitación —jefes de Estado y Gobierno de distinto color político— es, precisamente, una de las particularidades asociadas al modelo político semipresidencialista, el que utiliza Francia y a través del cual la sociedad francesa elegirá a su próximo presidente este mes de abril. Lo hará en concreto mediante sufragio universal directo en una votación a dos vueltas: para que un candidato resulte vencedor debe obtener mayoría absoluta —más del 50% de los votos—, acudiendo a una segunda vuelta entre los dos aspirantes más votados si fuera necesario, algo que ha ocurrido en todas las elecciones presidenciales celebradas hasta la fecha.

A su favor, los sistemas presidencialistas o semipresidencialistas agilizan la formación de los gobiernos, ya que el nuevo presidente goza de amplias prerrogativas y no tiene que preocuparse por tejer complicados equilibrios políticos, como sucede en muchas otras democracias europeas. En su contra, al separar elecciones presidenciales y legislativas, puede ocurrir que el dominio del presidente no sea extensible a la Asamblea Nacional y el Senado y que la toma de decisiones quede bloqueada, como ocurrió durante el mandato de Mitterrand y luego también durante el de Chirac.

Para evitar esta situación, sin embargo, a raíz de la reducción de siete a cinco años de los mandatos presidenciales a partir de los comicios de 2002, el Consejo Constitucional de Francia decidió celebrar las elecciones presidenciales poco antes de las legislativas, de manera que las dinámicas electorales se arrastran de una votación a otra y el resultado acostumbra a ser parecido. Desde entonces, de hecho, una situación de cohabitación es altamente improbable.

Al igual que las elecciones presidenciales, en Francia las elecciones a la Asamblea Nacional se celebran cada cinco años por sufragio universal directo en una votación uninominal, es decir, se vota un nombre concreto y no un partido. En su caso, además, el país se divide en distritos electorales proporcionales de más o menos 100.000 habitantes en los que cada uno de ellos elige a un diputado en un sistema también de dos rondas.

Los senadores, por su parte, reciben mandatos de seis años, aunque la mitad del Senado se renueva cada tres años a través de sufragio universal indirecto —la elección la realiza un colegio de «grandes electores» formado en su mayoría por delegados municipales—. En total, 348 senadores componen la cámara alta, escogidos de manera proporcional al reparto territorial de la población francesa: 326 senadores provienen de los departamentos metropolitanos y de ultramar, dos de la Polinesia Francesa, Nueva Caledonia y Mayotte y uno de San Pedro y Miquelón, San Martín, San Bartolomé y Wallis y Futuna, más doce representantes de los franceses residentes en el extranjero.

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