Diálogo: una oportunidad para la democratización


La crisis política, económica, social y humanitaria que ha vivido Venezuela en los últimos seis años ha traído como consecuencia la ola migratoria más importante que ha conocido América Latina. Ante la ausencia de un Estado capaz de garantizar una vida digna y la percepción de una parte de la ciudadanía de que es imposible una solución a los graves problemas que atraviesa el país en el corto plazo, cientos de miles de venezolanos han decidido abandonar el país.
La solución a esta crisis multidimensional requiere al menos de un acuerdo mínimo que garantice el rescate de la democracia. Solo mediante la construcción de un acuerdo inclusivo, con garantías de respeto a los derechos civiles y políticos de los ciudadanos será posible establecer las bases de una transición a la democracia. En este orden de ideas, la democratización de Venezuela requiere de una negociación que coloque en el centro del proceso político al ciudadano.
Es por tal motivo que el proceso que se inició en Oslo, y luego continuó en Barbados, tiene el potencial de ser un primer paso para lograr una negociación orientada al rescate de la democracia en el país. En otros países con conflictos políticos tan o más complejos que el venezolano, los procesos de negociación tienden a buscar la construcción de acuerdos sustentables.
Un ejemplo de ello fue el proceso de negociación que se dio en Sudáfrica. Desde 1948, cuando asumió el poder, el Partido Nacionalista de los Afrikáners estableció formalmente un estado segregacionista. De esta manera institucionalizó la discriminación racial existente desde la colonización europea, en un sistema político y social en el que el poder estaba determinado por el color de piel.
En América Latina también hay experiencias de transiciones democráticas gracias a procesos de negociación. Una de las más emblemáticas fue la transición a la democracia en El Salvador. El Salvador sufrió una guerra civil durante la década de los ochenta, como resultado de la violencia política y de la extrema polarización ideológica de la sociedad; así como también de la influencia de Cuba-Rusia y los Estados Unidos en la región centroamericana, en el contexto de la Guerra Fría.En este contexto, la desigualdad económica y social, la exclusión en el proceso de toma de decisiones políticas se tradujo en violencia. Luego de décadas de conflicto entre el Partido Nacionalista de los Afrikáners y una variedad de grupos anti-Apartheid, congregados en el Congreso Nacional Africano, los bandos en pugna iniciaron un proceso de negociación cuyo propósito era disminuir la violencia política y establecer un sistema democrático de gobierno, en el que cada voto contara por igual. Uno de los
elementos más interesante de esta negociación fue que se incluyó a la mayoría de los actores políticos y sociales del país, e incorporó mecanismos de participación para que los ciudadanos tuvieran voz en la construcción del sistema democrático sudafricano. El aspecto central de la discusión fue el desmontaje de un sistema autoritario basado en el segregacionismo racial para instalar otro en el que todos los sudafricanos gozasen sin distinción de sus derechos civiles y políticos.
Luego de varios encuentros entre el FMLN y el Presidente Duarte (1984-1989) y, posteriormente, el establecimiento de una comisión negociadora por parte del Presidente Cristiani (1989-1994), del partido conservador ARENA, se dio inicio a una negociación entre el gobierno salvadoreño y los insurgentes. El objetivo de la negociación era el cese al fuego entre las Fuerzas Armadas Salvadoreñas y el FMLN, así como la incorporación de este último grupo a la vida política del país. Para tal fin, ambas partes aceptaron la mediación de la ONU y contaron con el apoyo del Grupo de
Contadora (México, Colombia, Panamá y Venezuela) para el establecimiento de un acuerdo de paz sustentable.
Una de los aspectos más relevantes de las negociaciones entre el gobierno de Cristiani y el FMLN fueron las reformas constitucionales necesarias para normalizar el proceso político salvadoreño. Las reformas que se acordaron fueron las relativas a temas de seguridad y defensa (reformas a la fuerza armada, creación de la policía nacional civil, disolución de Dirección Nacional de Inteligencia), reformas relativas al sistema político (cambios en el sistema judicial, reforma electoral) y la creación de una comisión de la verdad. A pesar de las tensiones y momentos de paralización de las negociaciones, la mediación de Naciones Unidas, la actividad diplomática del grupo de Contadora y el cambio de postura de los Estados Unidos (condicionando el apoyo a las Fuerzas Armadas salvadoreñas si no se llegaba a un acuerdo), lograron que ambas partes firmaran los acuerdos para la construcción de una paz duradera, apertura democrática y la inclusión del FMLN como actor político.
Estos dos casos son ilustrativos de la manera como negociaciones orientadas a la democratización pueden llegar a buen puerto. Si bien ambas naciones presentan desafíos importantes y las consecuencias de sus respectivos conflictos aún persisten, lo cierto es que también han logrado superar la violencia política generalizada. En Sudáfrica, Mandela fue un ejemplo en busca de la reconciliación de los sudafricanos sin distingo del color de piel. En el Salvador, el sistema democrático implantado permitió que el partido ARENA gobernara durante 15 años más (1994-1989), pero
también que hubiese un cambio pacífico de gobierno cuando el FMLN (2009-2019) ganó las elecciones.
En el caso venezolano, cualquier proceso de negociación tiene que rescatar la capacidad de los ciudadanos para ejercer sus derechos políticos y civiles de forma plena y velar por el cumplimiento estricto de sus derechos humanos. Esto supone nombrar nuevas autoridades electorales, reformar la Ley de Procesos Electorales con el fin de retomar la representación proporcional que establece la Constitución y darle más transparencia al sistema electoral venezolano. Pero más allá de lo electoral, también supone el rescate de la neutralidad de otras instituciones como el Poder Judicial, el Poder Moral y la Fuerza Armada.

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